El gin tonic, o el rey de la modernidad

El gin tonic, o el rey de la modernidad

Aquello que en los años noventa se reducía a un chorretón de Larios acompañado con limón para tomar a media tarde por clientes mayores de cincuenta años y gente de mal vivir, la evolución de los gustos y el ansia de refinamiento de los consumidores contemporáneos -ávidos de una modernidad que encuentra en el pasado un toque de estilo no desprovisto de cierta ironía-, lo ha convertido en el súmmum del buen gusto. Las copas de gintonic son las reinas indiscutibles de la coctelería moderna. Incluso constan de sus establecimientos específicos, que medran en los rincones más chics del entorno urbano.

gin-and-tonic-21707-mPero, en definitiva, el gin tonic sigue tratándose de una base de ginebra y tónica en distintas proporciones (1:1, 1:2, 1:3 y 2:3) a las que, la voluntad de experimentar de los clientes y de reivindicarse individualmente, llevan a combinarse con un sinfín de elementos de lo más insospechado: frutas del bosque, frutos secos, ralladuras de limón, canela en rama, gominolas de colores,… Son copas de cóctel elaboradas además con herramientas que parecen salidas de una novela de ciencia ficción: cucharas mezcladoras de acero inoxidable, varillas retorcidas para dispensar de manera proporcionada cada ingrediente, chorros de gas que conservan intacto el hielo dentro del líquido previniendo su licuación, copas para gin tonic diseñadas ex profeso,… Un espectáculo para el paladar, sí, aunque también para la vista (propia y, sobre todo, de los demás). El gin tonic, podría decirse, es casi una actitud.

Sin embargo, ¿cómo distinguir el gin tonic en copa perfecto entre tanto falso profeta de la modernidad y el sabor? Pues en primer lugar, claro, están los fundamentos. En la actualidad, las marcas de ginebra disponibles en el mercado y las coctelerías se cuentan por centenares. Las diferencias, muy sutiles, residen en su diversa aromatización. Así pues, el aficionado puede encontrar ginebras clásicas, en las que prima el enebro como agente aromatizador; otras más cítricas, otras afrutadas, especiadas, más herbales e, incluso, florales. Las preferencias quedan pues al gusto del consumidor. En la práctica, escoger una u otra no es una cuestión tan relevante. Menor variedad presenta en cambio el mundo de la tónica. El secreto de este paso consiste en decantarse por una marca neutra, que no oculte con una excesiva aromatización las propiedades de sabor del ingrediente principal y sus complementos. Además, conviene servirla fría, ya que ayuda a disolver mejor el gas de la copa, y también verterla con cuidado, para no anular por completo el precioso efecto de las burbujas. En el caso de los complementos, ha de imperar la mesura y el sentido común. No dejarse arrastrar por caprichos de nuevo rico y añadir a la copa todos los alimentos que se crucen por delante de la barra del mueble bar. En la sencillez está el buen gusto. Lo mismo se aplica al hielo: no caer en el exceso y procurar que no contengan sabores extraños que acaben corrompiendo la copa.

Para la puesta en escena, es primordial saber escoger una copa para gin tonic adecuada. Por supuesto, esto pasa por desterrar el vaso de tubo. En el disfrute del gin tonic, participan todos los sentidos. Una estética cuidada a primera vista, una atracción desde el primer aroma. Una copa de balón de gin tonic cumple ambos requisitos a la perfección. Los ingredientes aparecen cristalinos, debidamente estratificados y dispuestos. La tónica se expande y complementa el intenso sabor de la ginebra, del mismo modo que los distintos botánicos agregan diferentes y armoniosos chispazos de olor y sabor que, antes que en la lengua, se apreciarán en la pituitaria del consumidor. La nariz puede introducirse con cuidado en el recipiente para deleitarse justo un momento antes con la promesa de sabores y matices que cada componente de la mezcla aportará a su conjunto. Por otro lado, la copa de balón ofrece su fino, grácil y elegante tallo como punto de sujeción ideal para que el recipiente no coja temperatura por el contacto con la mano y, por tanto, el hielo del combinado no se deshaga en poco tiempo, aguando desafortunadamente el contenido. Un borde igualmente delicado, del grosor justo, permite también apreciar con mayor precisión la gama de sabores de la que goza el gin tonic.

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