El uso de tecnologías punteras en la construcción ahorra energía

ahorra energía

La tecnología avanza tan deprisa que a veces ni me doy cuenta. Me pasa cuando actualizo el móvil, cuando veo cómo funciona el transporte ahora o cuando me hablan de aplicaciones nuevas que no sabía ni que existían.

En la construcción pasa lo mismo: no solo cambia cómo se levantan los edificios, también cambia cómo se piensa su diseño, cómo se ahorra energía y cómo se toman decisiones que antes parecían imposibles.

 

Sistemas inteligentes que ajustan lo que consumimos

Una de las cosas que más me sorprendió fue ver cómo funcionan los sistemas inteligentes dentro de los edificios modernos. Me refiero a herramientas que ya se están usando y que lo que hacen es ajustar el consumo según el uso real del espacio. Por ejemplo, si hay sensores que detectan cuándo hay gente en una habitación, la iluminación se adapta sola. Antes esto me sonaba a algo caro y solo para sitios muy grandes, pero me explicaron que se está volviendo más común incluso en obras pequeñas.

También están los sistemas que regulan la climatización. Y no hablo de poner más frío o más calor, sino de ajustar la temperatura según el aislamiento del edificio, las horas del día y hasta la cantidad de luz natural que entra. Si un edificio sabe que una zona del interior se calienta más por la luz del sol, no hace falta gastar tanto en calefacción. Y si en otra zona pasa justo lo contrario, la tecnología compensa sin que nadie tenga que tocar nada.

Otra función que me llamó la atención es cómo gestionan la ventilación. Me dijeron que hay sistemas capaces de renovar el aire según la calidad interior. Que esto ahorra energía es una realidad, porque no funciona todo el tiempo sin parar, solo cuando hace falta. Además de ahorrar, evita la sensación de sitio cerrado. Son ajustes automáticos pensados para mejorar el consumo y la comodidad.

Me resulta muy práctico que la tecnología vaya por ahí.

 

Materiales que mejoran el aislamiento y no requieren mantenimiento raro

Otra cosa que aprendí es que los edificios modernos usan materiales pensados para que el gasto energético sea menor desde el primer día. Me pareció curioso porque nunca me había parado a pensar en que el aislamiento es tan importante. Para mí un edificio aislaba o no aislaba, pero eso era algo que daba por hecho. Luego supe que hay distintos tipos de materiales, y que elegirlos cambia completamente el consumo del edificio.

Hay materiales que regulan la temperatura interior sin necesidad de aparatos extra. Algunos retienen el calor durante el invierno y evitan que entre demasiado durante el verano. Cuando lo escuché pensé que era lo típico que se dice para vender algo, pero no, me enseñaron ejemplos y datos reales. La diferencia es grande, sobre todo en ciudades con cambios fuertes de temperatura. Si el edificio retiene bien el calor, no tienes que tener encendida la calefacción tantas horas. Y si bloquea bien el sol en verano, no necesitas el aire acondicionado a toda potencia.

También están los cristales especiales: vidrios que dejan entrar la luz sin dejar pasar tanto calor. Es una idea sencilla que hace la vida más fácil. Iluminación natural, pero sin convertir la casa en un horno. Y no tienes que hacer nada, solo poner las ventanas de ese tipo desde la obra.

Otra cosa que descubrí es que ahora se usan materiales reciclados o que requieren menos energía para fabricarse. Esto reduce el consumo durante la construcción y también mejora la eficiencia del edificio. A mí me parece un buen ejemplo de cómo se puede mejorar algo sin complicar la vida de nadie. Usar mejores materiales no es un sacrificio, simplemente es construir de manera más inteligente.

Además, a mí, particularmente, me tranquiliza saber que estos materiales son fáciles de mantener, por si algún día me animo a reformar mi casa, porque no son cosas que haya que revisar cada mes o que se estropeen a diario. Funcionan bien durante años y siguen ayudando a reducir el gasto energético. Y eso, siendo realistas, es lo que más le importa a cualquiera que viva en el edificio: pagar menos, sin tener que hacer nada.

 

Diseño digital

Otra parte que me fascinó fue cómo se usa el diseño digital para ahorrar energía antes incluso de que el edificio exista.

Nunca pensé que un modelo en 3D pudiera servir para algo más que enseñar cómo quedaría la fachada, pero descubrí que se puede simular la iluminación natural, los flujos de aire, la distribución del calor y hasta el consumo estimado según la orientación del edificio.

Controlmad, centro de formación especializado  en arquitectura y diseño de Madrid que ofrece servicios de fabricación digital desde 2011, dicen que la clave es que estos sistemas se adaptan al usuario, y no al revés. El edificio para ahorrar, y tú simplemente disfrutas de estar cómodo sin pagar de más a final de mes.

Cuando entendí esto pensé en la cantidad de errores que se deben evitar. Si ves que una zona se va a calentar demasiado por la posición del sol, cambias el diseño antes de construir y listo. Si notas que la ventilación será insuficiente, ajustas el plano y se acabó, y eso evita que más tarde haya que instalar aparatos que consuman más energía. Lo sorprendente es que muchas decisiones que parecen obvias solo lo son cuando se ven en una simulación.

El diseño digital permite que los equipos colaboren de manera más clara: todos ven el mismo modelo. Antes, cada uno veía una parte, pero ahora todo está en un mismo sistema. Y esto reduce fallos y hace que la obra sea más eficiente.

Lo que más me gusta de este proceso es que anticipa problemas. En vez de corregir después, se previene. Y al hacerlo, el gasto energético del edificio baja desde el principio. Cuando lo pensé bien, entendí que la construcción digital no solo hace que las obras sean más rápidas, también hace que sean más limpias en cuanto a consumo.

 

Ideas prácticas para ahorrar sin complicarse

“Ahorrar energía” es eso que hace que la gente piense en instalar cosas nuevas y modernas, pero la verdad es que el ahorro real suele venir después, cuando toca cuidar lo que ya está puesto. Y eso no es nada complicado. De hecho, con unas cuantas rutinas sencillas se puede evitar gastar más de la cuenta sin darse ni cuenta.

 

¿Cómo mantener los sistemas de forma eficiente?

Lo primero es revisar los sistemas de vez en cuando. No hace falta complicarse, basta con mirar que todo esté encendido cuando toca, apagado cuando debe, que no haya avisos en pantalla y que ningún equipo esté funcionando “raro”. Cuando estas cosas se ignoran, el consumo empieza a subir sin que nadie se dé cuenta hasta que llega una factura que no tiene sentido. Por eso, una revisión básica cada cierto tiempo ahorra sustos.

Otro punto clave es usar las plataformas que muestran el consumo en tiempo real. Hoy en día casi todas las instalaciones traen una, y sirven para ver picos extraños, equipos que gastan más de lo normal o comportamientos que no cuadran con el día a día. No son herramientas difíciles; de hecho, suelen ser bastante claras. Y gracias a ellas puedes detectar fallos antes de que se conviertan en un problema serio.

También ayuda mucho anotar incidencias pequeñas: un ruido raro, un aviso que apareció un día, un reinicio inesperado, un comportamiento fuera de lo normal. No se trata de hacer un informe largo, solo de apuntarlo para recordarlo más adelante y evitar ir a ciegas. Eso permite ver si algo se repite, si un equipo pierde rendimiento o si una pieza empieza a fallar y conviene cambiarla antes de que rompa del todo.

Otra pauta útil es limpiar los equipos de vez en cuando. El polvo, la humedad o la suciedad pueden afectar al rendimiento y hacer que consuman más. La limpieza evita calentamientos y ayuda a que todo funcione con menos esfuerzo.

También es buena idea programar alertas simples: recordatorios mensuales para revisar consumos, comprobar sensores o reiniciar sistemas que a veces se quedan colgados.

Y, por último, dedicar unos minutos cada cierto tiempo a una revisión rápida. Cinco minutos mirando que todo esté en orden pueden evitar averías, gastos inesperados y muchos dolores de cabeza. Con hábitos sencillos, la gestión energética se vuelve mucho más fácil.

 

Lo bueno de todo esto es que en casa también puedes ahorrar sin instalar nada nuevo

Aprovecha la luz natural. Muchas veces encendemos luces por costumbre, no porque haga falta. Si subes bien las persianas y dejas entrar la claridad, ya estás ahorrando sin darte cuenta.

Desenchufa lo que no usas. Televisores en reposo, cargadores que se quedan en el enchufe, altavoces apagados pero conectados… todo eso consume un poco, y sumado al final del mes se nota. Es solo un segundo y ayuda bastante.

Ventila la casa cuando toca. En verano, hacerlo temprano evita que la casa se caliente demasiado y no dependes tanto del aire acondicionado. En invierno, ventilar un rato por la mañana evita humedad y hace que la calefacción funcione mejor.

Usa los electrodomésticos en el mejor horario. A veces cambiar la hora de la lavadora o el lavavajillas reduce el consumo sin que tengas que hacer nada especial.

Y lo más importante: mantén estos hábitos en el tiempo. No son grandes cambios, pero todos juntos hacen que gastes menos sin complicarte la vida.

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