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La obra nueva es más eficiente energéticamente.

Los edificios que se construyen en la actualidad gastan menos energía de los que se fabricaban hace unas décadas. Esto se debe a la normativa y a la mejora de los materiales que se utilizan en la construcción. Sin duda, en ello ha influido el aumento de la conciencia ecológica por proteger el planeta y el interés por ahorrarnos algo de dinero a medio plazo, tal y como se ha puesto el precio de la energía.

Aunque no está en las mismas cifras que a principios de este siglo, la construcción sigue siendo uno de los motores de la economía. Europapress resalta que el año pasado se concedieron un 2,9% más de visados de obra que en el 2019, antes de que estallara la pandemia.

La mayor parte de la obra que se realiza en estos momentos es de rehabilitación, si bien la obra nueva va creciendo poco a poco, en concreto, un 2,1% anual. Con el mercado inmobiliario virado hacia el alquiler, nos encontramos en unos años buenos para comprar. Los precios de los inmuebles son comparativamente más baratos.

Puesto a comprar, siempre es mejor comprar una vivienda nueva que una reformada. Dejar las viviendas antiguas en unas condiciones óptimas de eficiencia energética implica una gran inversión.

Los arquitectos y técnicos de Geneop , comentan que la obra nueva, que se está realizando en estos momentos en España, se basa en la innovación y en el desarrollo sostenible. Estos son algunos de los elementos que incorpora:

Instalación de paneles solares.

Aunque no es obligatorio colocar paneles solares en los edificios de nueva creación, se trata de una práctica que se está realizando bastante en los últimos años. Esto se debe a la aplicación de la Directiva Europea de Eficiencia Energética en Edificios (E.P.B.D.) que busca que, para el 2030, las viviendas de obra nueva tengan un consumo energético casi nulo.

Un recurso para alcanzar este objetivo es primar el autoconsumo eléctrico, mediante la instalación de paneles solares de uso familiar o comunitario. Una casa que tiene instalados estos paneles puede llegar a ahorrarse hasta 1.000 € al año en el recibo de la luz.

Alemania lleva utilizando este sistema desde hace más de 10 años. En este tiempo ha construido edificios públicos y de oficinas que prácticamente se autoabastecen con placas fotovoltaicas. El país centroeuropeo se ha convertido en uno de los principales productores de energía solar del mundo, principalmente por la implantación de estos dispositivos. Desde luego, las condiciones de sol que tiene Alemania son muy inferiores a las que tenemos en España.

La instalación de paneles solares en obra nueva está subvencionada por los fondos europeos Next Generation. Llegando a cubrir desde 20 hasta un 60% del coste de instalación. En los municipios inferiores a 5.000 habitantes la subvención es aún mayor, algunos ayuntamientos subvencionan el 100%.

Cerramientos aislantes.

Todos los edificios residenciales que se construyen en la actualidad tienen las puertas y ventanas de PVC, El PVC es uno de los materiales más aislantes que se emplean en la construcción. Con él se consigue impermeabilizar los ambientes. Separar radicalmente el exterior del interior. No deja entrar el frío de la calle en la casa, ni deja salir el calor hacia el exterior. También es un perfecto aislante acústico. Reduciendo el ruido que entra en el edificio, incluso en las calles con mucho tráfico.

El PVC se lleva utilizando en nuestro país desde los años 90, sin embargo, se consideraba un material de lujo que solo se empleaba en construcciones de calidad superior. En estos momentos se ha popularizado, desplazando a otras opciones más habituales como la carpintería de aluminio.

El binomio aluminio-cristal era el que dominaba la construcción de nuevos edificios hasta hace poco. El aluminio permitía colocar grandes cristaleras y sistemas complejos de doble acristalamiento con cámara de aire en el interior. Aunque, en apariencia, aislaba la casa de la calle, el aluminio es un metal conductor del frío que actuaba, en los hechos, como un sumidero por el que se escapaba el calor de la calefacción.

Para reducir este impacto se inventó el puente térmico. Una cámara hueca instalada dentro del marco de las ventanas que se rellenaba con goma. Esta solución reducía un poco la pérdida de calor, pero no era completamente efectiva.

El PVC sí consigue mantener la temperatura, por lo que se necesita menos energía para aclimatar una casa, tanto en invierno como en verano.

Otros elementos impermeabilizantes que se utilizan en la construcción son las membranas que se colocan en las azoteas para impedir filtraciones de agua y proteger al edificio de los cambios de temperatura. Frente a los antiguos revestimientos de cemento, en la actualidad se colocan membranas bituminosas adhesivas, membranas líquidas de poliuretano o planchas de caucho de etileno.

Estos nuevos materiales requieren menos mantenimiento y tienen una duración que alcanza los 50 años.

 Aislantes ecológicos.

Un tema que me ha llamado la atención es la utilización de materiales naturales en la impermeabilización de paredes y fachadas. Desde su aparición, se han utilizado materiales derivados del petróleo en la impermeabilización de fachadas. Rellenando con ellos cámaras de aislamiento, bien fuera mediante planchas, infiltrándolo a presión, o como granulo de relleno.

Como nos indica el blog Materiales Ecológicos, algunas empresas de construcción han eliminado por completo el uso de plásticos y los han reemplazado por productos de origen natural, que se emplean para rellenar esas cámaras aislantes que se construyen entre las paredes. Algunos de estos materiales son:

  • El corcho. Las planchas de corcho con un grosor entre 3 y 10 centímetros son un material adecuado para impermeabilizar paredes y techos interiores. Además de ser un aislante térmico que reduce la transmisión del calor, consigue insonorizar las estancias. En exterior el corcho debe protegerse, ya que es un material frágil que fácilmente se puede resquebrajar. Si se emplea en tejados, suele ir cubierto con tejas de barro o de pizarra, y si se utiliza en fachadas se debe enfoscar con morteros hidrófugos.
  • La celulosa. A diferencia del corcho, la celulosa no se comercializa en paneles, sino en virutas, que se suelen inyectar abriendo un boquete en la pared e introduciéndolas con una máquina a presión. Vienen a sustituir las pelas de poliestireno que se empleaban para cubrir las cámaras de aislamiento de las fachadas.
  • El lino. El lino es una fibra vegetal, que ya lo utilizaban en la construcción algunos pueblos griegos de la antigüedad. Es el mismo material con el que se fabrican tejidos. Con él se fabrican paneles como los de corcho que son adecuados para impermeabilizar paredes y techos interiores.
  • Fibras de madera. El serrín, mezclado con aglutinante, da lugar a paneles aislantes, muy eficaces para mantener frescos los hogares propios de climas cálidos. Además, es un estupendo aislante acústico. Ofrece gran resistencia para su instalación, si bien es muy sensible a la humedad y al fuego.
  • Paja. Las balas de paja se han puesto de moda en la construcción alternativa. Si bien son un material perfecto para levantar muros gruesos y rellenar con ellas las cámaras internas. La paja es un perfecto aislante térmico, sobre todo para mantener fresca una casa en los veranos calurosos. Crea una sensación parecida a la que se experimenta en las tradicionales casas cueva.
  • Cáñamo. El cáñamo es una planta de la que se aprovecha prácticamente todo. Da lugar a multitud de usos. Unos de ellos es la posibilidad de crear con sus fibras paneles impermeabilizantes similares a los de lino.
  • Arcilla. El barro se ha utilizado tradicionalmente en la construcción, si bien, actualmente, la industria la manipula creando perlas que sirven de relleno para todo tipo de cámaras aislantes. Tanto de interior como de exterior. Se aumenta su porosidad, para incrementar sus características impermeabilizantes y se disminuye su peso para construir forjados aligerados.

Una decisión europea.        

Los cambios en materiales y procedimientos en la construcción, buscando edificios más sostenibles, están impulsados por la voluntad política de la Unión Europea por reducir el consumo energético.

Para hacer frente al impacto económico de la pandemia del COVID-19, la Unión Europea liberó 750.000 millones de euros que distribuyó entre los países miembros con la condición de que se invirtieran en reactivar una economía más sostenible y digitalizada.

Detrás de ello está el compromiso de Europa por frenar el cambio climático. Europa se ha puesto a la cabeza en las políticas medioambientales, mientras otras partes del mundo como China, Rusia y EEUU hacen caso omiso de la mayoría de las orientaciones que se acuerdan en las cumbres climáticas internacionales.

Sin embargo, el argumento que más peso tiene es la necesidad de reducir el consumo de petróleo y gas natural. Europa es dependiente energéticamente y la guerra de Ucrania no ha hecho más que agudizar la situación. Teniendo que importar la gran mayoría de energía que necesita, esto le está suponiendo una sangría que le está debilitando económicamente.

Construir casas más sostenibles es beneficioso para el planeta, para la economía, y también para nosotros.

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