Cuando empezamos a plantearnos instalar placas solares en casa, una de las primeras preguntas suele ser bastante sencilla: ¿cuántas necesitamos? Podríamos pensar que existe una cifra aproximada dependiendo del tamaño de la vivienda, pero la realidad es bastante diferente. Dos casas prácticamente iguales pueden necesitar instalaciones distintas porque sus habitantes no consumen la misma cantidad de electricidad, tienen horarios diferentes o cuentan con tejados que reciben el sol de manera distinta. Por eso, antes de hablar del número de paneles tenemos que conocer cómo utilizamos realmente la energía.
Una vivienda donde viven dos personas y apenas se utilizan grandes electrodomésticos durante el día no tiene las mismas necesidades que una casa donde vive una familia numerosa, se trabaja desde casa, existe climatización eléctrica y además se carga un vehículo. Incluso el momento en el que consumimos puede cambiar considerablemente el resultado. Si utilizamos buena parte de nuestros aparatos cuando las placas están produciendo electricidad, podemos aprovechar directamente una cantidad mayor de la energía generada.
La factura eléctrica nos cuenta mucho sobre lo que necesitamos
Antes de mirar el tejado conviene mirar nuestras facturas. El consumo eléctrico aparece expresado normalmente en kilovatios hora y nos permite conocer cuánta electricidad hemos utilizado durante un periodo determinado. Revisar solamente un mes puede resultar engañoso porque el consumo cambia a lo largo del año. En invierno podemos utilizar calefacción eléctrica y más iluminación, mientras que durante el verano el aire acondicionado puede aumentar considerablemente el gasto. Por eso resulta mucho más útil observar varios meses y, siempre que sea posible, analizar un año completo.
También debemos intentar conocer nuestros horarios. No es igual consumir 4.000 kWh anuales concentrados principalmente durante las horas centrales del día que consumir esa misma cantidad fundamentalmente durante la noche. Los paneles producen electricidad cuando reciben radiación solar y, por tanto, la coincidencia entre producción y consumo tiene una importancia considerable. Si trabajamos desde casa, utilizamos lavadora y lavavajillas durante el día o tenemos determinados equipos funcionando mientras existe producción fotovoltaica, podemos aprovechar directamente una parte importante de la electricidad generada.
El autoconsumo permite producir electricidad renovable para nuestro propio consumo mediante paneles fotovoltaicos y cubrir directamente una parte de la demanda energética de la vivienda. Esto nos ayuda a entender que el objetivo no tiene por qué ser producir exactamente toda la electricidad que consumimos durante el año. También podemos diseñar una instalación destinada a cubrir una parte importante de nuestras necesidades y continuar utilizando la red cuando la producción solar no resulte suficiente.
La potencia de cada panel también determina cuántos necesitaremos
Cuando hablamos de placas solares tendemos a pensar en ellas como si todas produjeran exactamente lo mismo, pero existen paneles con características y potencias diferentes. La potencia nominal suele expresarse en vatios pico y nos sirve como referencia para conocer la capacidad del módulo bajo determinadas condiciones. Esto significa que calcular una instalación únicamente contando placas puede resultar poco preciso. Cinco paneles de una potencia determinada pueden ofrecer una capacidad diferente a cinco paneles de otro modelo.
Podemos entenderlo con un ejemplo sencillo. Si utilizamos diez paneles de 450 Wp tendremos una potencia instalada aproximada de 4,5 kWp. Si los paneles fueran de 500 Wp, esos mismos diez módulos alcanzarían aproximadamente 5 kWp. Esto no significa que estén produciendo constantemente esa cantidad de electricidad, ya que la producción real depende de la radiación solar, la temperatura, la orientación, las sombras y otros factores, pero sí nos permite comprender por qué el número de placas no debería analizarse de manera aislada.
También debemos pensar en el espacio disponible. Una vivienda puede tener unas necesidades energéticas determinadas, pero quizá el tejado no permita colocar todos los paneles que inicialmente habíamos calculado. En ese caso habrá que estudiar alternativas relacionadas con la distribución, la potencia de los módulos o incluso los objetivos de la instalación. El diseño consiste precisamente en combinar consumo, espacio disponible y producción estimada para encontrar una solución razonable.
Antes de instalar hay que estudiar cómo es realmente nuestro tejado
Una instalación fotovoltaica debería comenzar conociendo las características del lugar donde van a colocarse los paneles. Antes de decidir cuántos necesitamos, conviene estudiar el espacio disponible, las condiciones de la cubierta y las necesidades energéticas de la vivienda. Este análisis permite entender por qué el número de paneles puede cambiar considerablemente de una casa a otra y por qué utilizar una cantidad estándar sin estudiar previamente cada situación puede llevarnos a realizar un cálculo poco ajustado a la realidad.
El tejado puede presentar limitaciones que a simple vista no habíamos considerado. Chimeneas, antenas, ventanas, desniveles y otras estructuras ocupan espacio y pueden producir sombras durante determinadas horas. Sin embargo, después de hablar con los especialistas de DGF Soluciones Eléctricas, me ha quedado claro que antes de plantear una instalación fotovoltaica, también resulta necesario estudiar las características concretas del proyecto y dimensionar el sistema teniendo en cuenta las necesidades energéticas que queremos cubrir. Además, debemos valorar la orientación y la inclinación disponibles, ya que una cubierta amplia no siempre significa que toda su superficie pueda aprovecharse de la misma manera.
También es importante comprobar que el lugar donde queremos realizar la instalación resulta adecuado desde el punto de vista técnico. Los paneles permanecerán expuestos durante años al viento, la lluvia, los cambios de temperatura y otras condiciones ambientales, por lo que la estructura y el sistema de fijación tienen una importancia evidente. El estudio previo sirve precisamente para dejar de pensar en el tejado como una superficie vacía y empezar a entenderlo como parte fundamental del funcionamiento de la instalación.
Orientación, sombras y ubicación pueden cambiar bastante la producción
Dos instalaciones con exactamente el mismo número de paneles no tienen por qué producir la misma cantidad de electricidad. Una de las razones es que la radiación solar disponible cambia dependiendo de la ubicación geográfica y de las características concretas del emplazamiento. Además, la orientación y la inclinación de los módulos condicionan la manera en la que reciben esa radiación durante diferentes momentos del día y del año.
Las sombras merecen una atención especial. Podemos tener un tejado aparentemente perfecto y descubrir que un edificio cercano proyecta sombra durante varias horas, que una chimenea afecta a determinados módulos o que existen árboles cuya presencia condiciona la producción. Por eso una visita o un estudio técnico previo puede aportar información que resulta imposible obtener simplemente observando una fotografía general de la vivienda.
A la hora de calcular el tamaño de una instalación, conviene tener en cuenta varios aspectos:
- El consumo eléctrico anual de la vivienda.
- Los horarios en los que utilizamos más electricidad.
- La potencia de los paneles que queremos instalar.
- La superficie realmente disponible en la cubierta.
- La orientación y la inclinación del tejado.
- La presencia de sombras durante diferentes horas.
- La radiación solar disponible en nuestra zona.
- La posibilidad de incorporar baterías ahora o posteriormente.
- Los cambios de consumo que podamos tener en los próximos años.
Cuando analizamos todos estos elementos, entendemos por qué resulta complicado responder a la pregunta del titular con una única cifra. El número de placas es realmente el resultado final de muchas decisiones anteriores.
Producir electricidad no significa dejar de utilizar automáticamente la red
Existe cierta tendencia a imaginar una vivienda con placas solares como una casa completamente independiente de la red eléctrica, pero una instalación de autoconsumo convencional no tiene por qué funcionar de esa manera. Durante las horas de producción podemos utilizar directamente la electricidad generada por nuestros paneles y, cuando necesitamos más energía de la que están produciendo, podemos continuar tomando electricidad de la red.
Pensemos en una tarde soleada. Los paneles están generando electricidad mientras tenemos funcionando el frigorífico, el ordenador, la lavadora y otros aparatos. Parte o todo ese consumo puede cubrirse con la producción fotovoltaica, dependiendo de la potencia disponible en ese momento. Cuando llega la noche, los paneles dejan de producir y la vivienda vuelve a necesitar electricidad procedente de la red si no dispone de un sistema de almacenamiento que pueda aportar energía.
¿Qué ocurre con la electricidad que producimos y no utilizamos?
Puede suceder justamente lo contrario. Durante determinadas horas, nuestras placas pueden producir más electricidad de la que estamos utilizando dentro de casa. Imaginemos una vivienda vacía durante una mañana soleada. El frigorífico y algunos aparatos continúan consumiendo una pequeña cantidad de energía, pero la instalación fotovoltaica está produciendo bastante más. Esa diferencia es lo que normalmente conocemos como excedente.
La normativa española contempla diferentes modalidades de autoconsumo y establece un mecanismo de compensación simplificada para determinados consumidores con excedentes. De manera sencilla, la electricidad excedentaria vertida a la red puede recibir una valoración económica que se tiene en cuenta dentro de la facturación según las condiciones aplicables. Esto no significa que cada kWh enviado a la red tenga necesariamente el mismo valor que cada kWh que compramos posteriormente, por lo que conviene conocer las condiciones de nuestro contrato y la modalidad a la que se encuentra acogida la instalación.
Este sistema también nos hace pensar nuevamente en el dimensionamiento. Instalar muchos más paneles de los necesarios puede provocar que generemos una cantidad elevada de excedentes que no aprovechamos directamente. En determinados proyectos puede tener sentido, pero no deberíamos asumir automáticamente que cuanto mayor sea la instalación mejor será el resultado. El objetivo consiste en encontrar una relación adecuada entre producción, consumo, inversión y aprovechamiento de la energía.
Las baterías permiten guardar energía, pero no siempre son imprescindibles
Una batería permite almacenar parte de la electricidad producida por los paneles para utilizarla posteriormente. Si durante el mediodía generamos más energía de la que estamos consumiendo, podemos guardar una parte y utilizarla por la tarde o por la noche cuando disminuye o desaparece la producción solar. Sobre el papel parece una solución evidente y en determinados hogares puede resultar muy interesante.
Sin embargo, incorporar almacenamiento cambia tanto el diseño como el coste del sistema. Necesitamos analizar cuánta energía queremos guardar, cuándo esperamos utilizarla y qué capacidad resulta adecuada. Una batería demasiado pequeña puede no cubrir nuestras necesidades y una excesivamente grande puede permanecer desaprovechada durante buena parte del tiempo. Igual que ocurre con las placas, dimensionar correctamente vuelve a ser mucho más importante que simplemente instalar la mayor capacidad posible.
Pensar en cómo cambiará nuestro consumo también ayuda a dimensionar mejor
Una instalación fotovoltaica se plantea para funcionar durante muchos años, por lo que no deberíamos mirar exclusivamente nuestro consumo actual. Quizá hoy tengamos unas necesidades determinadas, pero dentro de unos años podemos incorporar nuevos equipos que cambien considerablemente la demanda de electricidad. Un vehículo eléctrico, una bomba de calor, un sistema de climatización o incluso el hecho de comenzar a trabajar habitualmente desde casa pueden modificar nuestros hábitos.
Esto no significa que debamos sobredimensionar la instalación imaginando todos los aparatos que quizá compremos algún día. Se trata simplemente de incorporar al análisis aquellos cambios que sabemos que probablemente ocurrirán. Si tenemos previsto comprar próximamente un coche eléctrico, por ejemplo, resulta razonable comentarlo durante el diseño porque su carga puede representar un consumo adicional considerable.
La respuesta correcta no está en contar placas, sino en conocer nuestra vivienda
Después de analizar todos estos factores podemos volver a la pregunta inicial. ¿Cuántas placas solares necesita realmente una vivienda? La respuesta depende de cuánto consumimos, cuándo lo hacemos, dónde vivimos, qué características tiene nuestro tejado, qué potencia tienen los módulos y qué porcentaje de nuestras necesidades queremos cubrir mediante autoconsumo. Por eso cualquier cifra ofrecida sin conocer estos datos debería interpretarse únicamente como una orientación muy general.
Lo más razonable es comenzar recopilando información. Podemos revisar nuestras facturas del último año, estudiar cómo cambia el consumo entre estaciones y pensar en nuestros horarios habituales. Después habrá que analizar las condiciones de la cubierta y estimar la producción que podría conseguirse con diferentes configuraciones. Solo entonces tiene sentido convertir todos esos datos en un número concreto de paneles y estudiar si la inversión responde a nuestros objetivos.
Instalar placas solares no consiste en llenar un tejado hasta que no quede espacio. Consiste en diseñar un sistema que produzca electricidad de una manera coherente con nuestras necesidades. Una vivienda puede funcionar perfectamente con una instalación relativamente pequeña, mientras que otra necesita bastante más potencia. Entender esta diferencia es fundamental para dejar de buscar un número mágico de paneles y empezar a pensar en lo que realmente importa, que es cuánto consumimos, cuánto podemos producir y qué parte de esa energía somos capaces de aprovechar.


